Célebre escritora y disidente tibetana pide el fin de la ola de inmolaciones

La escritora Tsering Woeser, una de las más prominentes defensoras del pueblo tibetano dentro de China y actualmente en arresto domiciliario en Pekín, pidió públicamente el fin de las inmolaciones de monjes de la etnia en el oeste chino, donde ha habido cerca de una treintena de estos actos suicidas.

En un texto publicado a través de internet, Woeser manifiesta su profundo pesar por la ola de inmolaciones (sólo en la última semana ha habido tres, entre ellas una adolescente de 16 años y una madre de cuatro hijos), y pidió a “tibetanos influyentes”, incluyendo monjes e intelectuales, que ayuden a que este fenómeno se acabe.

La disidente, que firmó un documento contra estos actos junto a otros dos intelectuales tibetanos, aseguró que estos sucesos sólo perjudican a la causa de los derechos humanos en el Tíbet y aseguró que los tibetanos sólo pueden enfrentarse a la opresión “manteniéndose vivos”.

El Gobierno chino acusó esta semana a grupos tibetanos en el exilio de financiar estos actos de protesta, y señaló que muchos de los monjes o simpatizantes de éstos que se han inmolado -en ocasiones coreando consignas pidiendo libertad para el Tíbet o el regreso del Dalai Lama- son personas con antecedentes penales.

Pekín también acusa al Dalai Lama y su entorno de alentar estas inmolaciones, pese a que el líder religioso tibetano, exiliado en la India desde 1959, ha pedido también el cese de estos actos de protesta.

Al mismo tiempo, organizaciones pro derechos humanos como Human Rights Watch han mostrado su pesar por las inmolaciones, mientras que organizaciones pro independencia en el Tíbet argumentan que se trata de actos de desesperación causados por la represión del Gobierno chino a la cultura y religión en el Techo del Mundo.

El mes de marzo es especialmente proclive a un aumento de las tensiones en el Tíbet, ya que se conmemora la revuelta que en tal mes de 1959 protagonizaron los tibetanos contra el régimen comunista, y que tras fracasar desencadenó la huida del Dalai Lama a Dharamsala (norte de la India).

Cerca de una treintena de monjes tibetanos o partidarios de éstos se han inmolado, especialmente en zonas cercanas al monasterio de Kirti (provincia de Sichuan, vecina al Tíbet), lugar que según Pekín es un histórico foco de insurgencia ya que su abad fue hace seis décadas uno de los líderes de las revueltas.

Los monjes de Kirti, donde se produjo la primera de las inmolaciones hace un año, han sufrido encierros forzados de las autoridades y algunos incluso han sido enviados a campos de reeducación, mientras el Gobierno chino asegura que el Tíbet continúa gozando de libertad religiosa y cultural.

China asegura que el Tíbet es desde hace siglos parte inseparable de su territorio, mientras que los tibetanos argumentan que la región fue durante mucho tiempo virtualmente independiente hasta que fue ocupada por las tropas comunistas en 1951, si bien Pekín considera ese hecho una “liberación” de la “teocracia”.

Pekín no permite el acceso de periodistas extranjeros al Tíbet -salvo en viajes organizados por las autoridades- y en épocas sensibles como la actual limita o incluso detiene la entrada de turistas de otros países en la región.

(Fuente: Q!)

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